El fútbol es un juego de errores e incertidumbres: un mal bote, una pelota que por centímetros entra o da en el poste, una decisión arbitral, un resbalón inoportuno… Parecería que hay grandes dosis de azar, que es la suerte la que juega un papel importante y que todo es más sencillo que tácticas y estrategias. Es decir que, como dijo alguien, “el fútbol sólo consiste en meter goles en la portería del portero que menos conozcas”. En la retina del aficionado queda aquel gol, aquella parada imposible… pero, detrás de eso hay mucho de estudio y ensayo. Aquí trataremos de dar, en forma de números, algunas de las claves que pueden ayudar a explicar el éxito de la Selección Española en el reciente Mundial. Y sí, dedicaremos un apartado especial al extremeño Pedro Porro.
Varios expertos en liderazgo consultados por la prensa económica coincidieron, ya avanzado el torneo, en algo: Luis de la Fuente se comporta como líder más que como jefe. Reparte protagonismo, se pone en segundo plano siempre que puede y cuida tanto a los que juegan como a los que no.
Ese ambiente explica buena parte de por qué el grupo remó en la misma dirección durante ocho partidos exigentes. Pero explica poco de por qué España terminó el torneo con la defensa más fiable, el mayor volumen de ataque y el dominio del balón más claro de las 48 selecciones participantes. Ahí es donde entran los datos oficiales de la FIFA, y ahí es donde el argumento del "buen rollo" se queda corto.
La mejor defensa del Mundial
Empecemos por el dato más contundente: España encajó un solo gol en todo el Mundial. Uno, en ocho partidos, incluida una final a 120 minutos (en realidad fueron 130). Ninguna selección que llegó a semifinales se acercó a esa cifra: Francia recibió diez, Argentina ocho, Marruecos seis. Solo Colombia igualó el registro de un gol encajado, pero con un recorrido bastante más corto.
La Roja terminó además como el equipo con más porterías a cero: siete, muy por encima de las cuatro de Francia, Colombia o México.
Y no fue solo mérito de Unai Simón bajo palos: España lideró también la recuperación de balón, con 399 pérdidas forzadas al rival (la cifra más alta del torneo) y un tiempo medio de recuperación de 90,89 segundos, el más rápido entre las selecciones que llegaron lejos. Dicho de otro modo: España no solo defendía bien su portería, sino que recuperaba el balón antes que nadie.
Más tiros a puerta y casi más kilómetros recorridos
En la faceta ofensiva, España también dominó el conteo bruto: 140 intentos de gol y 54 remates a puerta, más que cualquier otra selección. Ningún equipo generó tantas ocasiones de calidad.

Ahí aparece un matiz interesante: España no fue la selección más eficaz. Marcó 14 goles, una eficiencia del 0,8 que queda por debajo de la de Francia (1,19, con 20 goles) o Inglaterra (1,33, también con 20).
Sin embargo, aquí cabe otro matiz: la estadística de Francia e Inglaterra está condicionada por el partido por el tercer y cuarto puesto, una ‘charlotada’ que se resolvió por 6-4 y donde las defensas parecían haber desaparecido.
En el apartado del sacrificio físico, Argentina recorrió ligeramente más distancia (955 kilómetros frente a los 947 de España), pero fue España quien lideró las carreras a alta velocidad (10.382 metros) y los esprints (3.645), la cifra más alta del Mundial. Y es que no sólo había que correr más; había que correr también más rápido para sorprender y para conjurar peligros. Ahí España no tuvo rival.

El balón es de España
Ahora una perogrullada: el fútbol se juega con el balón. Y también una frase repetida por muchos entrenadores de nivel: la mejor forma de defender es teniendo el balón.
Y ahí, en ese dominio, posesión y circulación, España no dejó lugar a dudas. Con 5.470 pases y una precisión del 90%, lideró ambas categorías. También encabezó los centros al área (178), los intentos de ruptura de la línea defensiva rival (206, con un 66% de acierto) y la precisión en los cambios de orientación del juego, un 96% de éxito, el mejor dato del torneo.

Más revelador todavía es el apartado de movimiento sin balón: España generó 4.036 desmarques para recibir pase, casi 800 más que Argentina (3.283). También fue el equipo que más recepciones resolvió bajo presión rival (1.782) y entre líneas (1.168).
Son números que hablan de un equipo que se mueve constantemente para ofrecer opciones de pase. La superioridad posicional española no fue una sensación: estaba en la hoja de estadísticas.

Ah, y solo recibió seis tarjetas amarillas, siendo el equipo menos amonestado de los semifinalistas.
Premios individuales que avalan al colectivo
Los reconocimientos individuales del torneo certificaron lo que ya decían los números del equipo. No extraña, por tanto, que jugadores españoles lideren casi todos los rankings y que un buen número esté en el top ten.

Rodri fue elegido mejor jugador del Mundial, coherente con su papel de metrónomo: lideró a España en pases (799), participación en el juego (1.676 acciones) y desmarques para recibir (414).

Pau Cubarsí, con solo 18 años, fue elegido mejor jugador joven, gracias a su enorme rendimiento defensivo y a sus 690 pases con un 97% de precisión.

Y qué decir de Unai Simón, elegido mejor portero del torneo. Los datos avalan el premio: un solo gol encajado y siete porterías a cero en ocho partidos. Además realizó 14 paradas, intervino 120 veces en acciones dentro del área y salió 93 veces fuera de ella para cortar ataques rivales.
Una final que dejó a cero a Argentina
La final, disputada el 19 de julio en el área metropolitana de Nueva York, resumió a la perfección el torneo de España: más control, más ocasiones y más fútbol.
Los números hablan por sí solos: 20 remates de España (12 entre los tres palos) frente a solo dos de Argentina, ninguno a portería. La Roja completó 858 pases con más del 90% de acierto, mientras que Argentina se quedó en 456 pases y un 78% de precisión. España dio 417 pases acertados más que la selección albiceleste.
El papel del extremeño Pedro Porro
Si hay un futbolista que resume el equilibrio entre discreción estadística y aparición en el momento justo, ese es el extremeño Pedro Porro. Llegó al Mundial cuestionado e incluso comenzó como suplente. Sin embargo, desde el segundo partido se hizo con la titularidad y ya no la soltó.
El lateral de Don Benito no encabezó ninguna clasificación individual, pero firmó un Mundial sólido y su nombre quedará para siempre ligado a la jugada del gol que dio el título.
Porro disputó 640 minutos, completó 420 pases con un 90% de precisión, firmó 19 centros al área, intentó 17 rupturas de línea y completó con éxito el 100% de sus cambios de orientación.
En ataque sumó siete remates, tres a puerta y dos goles decisivos: uno ante Austria y otro frente a Francia en semifinales, partido en el que además fue elegido mejor jugador del encuentro.

En defensa acumuló diez faltas recibidas por nueve cometidas, sin ver una sola tarjeta durante todo el campeonato. Además generó 215 desmarques y participó en 896 acciones de juego, confirmando su importancia en el carril derecho.
Por encima de las estadísticas, hubo un aspecto especialmente llamativo: su conexión con Lamine Yamal. Durante todo el torneo supo aprovechar las superioridades que generaba el joven extremo para aparecer libre por la banda.
La mejor prueba llegó en el gol de la final: Yamal atrae a dos defensores, encuentra a Porro sin marca, este centra al segundo palo, Niko prolonga el balón y Ferrán marca el gol que certifica la segunda estrella de España.
Y no sólo eso: el dombenitense terminó incluido en el once ideal de la FIFA, el mejor reconocimiento posible para un futbolista que construyó su Mundial desde la discreción, el trabajo y el espíritu colectivo que ha definido a esta Selección.
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