Millás, Arsuaga y el lujo de encontrar alguien con el que no estás de acuerdo

El escritor Juan José Millás y el paleontólogo Juan Luis Arsuaga protagonizan ‘Palabras Mayores’ que organiza el Plan de Fomento de la Lectura en el Teatro Romano

02 de octubre de 2026 a las 08:53h
El escritor Juan José Millás y el paleontólogo Juan Luis Arsuaga, con la periodista Beatriz Mariño. / AG
El escritor Juan José Millás y el paleontólogo Juan Luis Arsuaga, con la periodista Beatriz Mariño. / AG

No lo tuvo fácil la periodista Beatriz Mariño. Le tocó ejercer de moderadora en una conversación de algo más de una hora entre el sapiens Millás y el neardental Arsuaga organizada por el Plan de Fomento de la Lectura. Y hacerlo además sobre (el siempre imponente) escenario del Teatro Romano, delante de muchos seguidores de esta extraña pareja literaria que ha alumbrado una trilogía de divulgación científica y humanística.

Apenas entraron en el guion previsto. Fueron respondiendo a sus preguntas, pero entrando y saliendo de la conversación a su antojo. Se les vio cómodos. Hubo risas (contaron el chiste del ratón y el elefante), confesiones íntimas (Millás habló de su colonoscopia) y reflexiones al vuelo sobre el amor, el alma y los desalmados, el más allá, el origen, y hasta de la IA.

Lo mejor de escucharlos es que les gusta estar siempre en desacuerdo. Millás es un hombre de letras, el novelista curioso que observa el mundo con cierta fantasía y hace las preguntas más ingenuas. Y Arsuaga es el científico que habla con seguridad ante los temores y contradicciones de su compañero. “Dice que no tiene miedo a morir y se hace análisis a diario”.

La complicidad que destilan saltó de las páginas de sus libros al Teatro Romano. Tienen la capacidad de envolver la divulgación sobre lo trascendente en un diálogo entre dos amigos compartiendo unas patatas revolconas. De ahí que el público les preste atención. Su puesta en escena resulta espontánea y nada impostada.

DSC 0818
‘Palabras Mayores’, organizado por el Plan de Fomento de la Lectura, ayer en el Teatro Romano. / AG

Sobre la inteligencia artificial

Le preguntó la moderadora por la IA. Para Millás es una fascinación encontrar una máquina capaz de producir textos con coherencia gramatical y sintáctica para comunicarse con independencia. Para Arsuaga, la IA no es más que un homenaje a la capacidad del ser humano.

Si necesitan tanta energía, un abundante almacenamiento de datos y de tecnología puntera para escribir un texto, componer una canción o detectar el trino de un ave, el verdadero mérito, razonó, es el del hombre. Capaz de hacerlo desde hace mucho más tiempo por sí mismo. “Es un homenaje al ser humano”, le dijo.

Como paleontólogo le interesa el origen y la evolución. Y de ahí nace su percepción del progreso. Hasta hace pocos días, recordó, la gente para comunicarse iba a una cabina de teléfono a echar una moneda. Ahora, compara, no hay cabinas ni dinero. “Lo sorprendente no es el progreso, sino la capacidad del hombre de adaptarse a ese progreso, de digerirlo” concluyó.

Confesaron también lo que han aprendido uno del otro. El paleontólogo escribe mejor desde que empezó su relación con el escritor y el novelista se ha vuelto más biologicista desde que escucha al paleontólogo. Millás cree que sentimientos tan humanos como el amor tienen ahora una dimensión biológica y no solo emocional. “Es algo que se da en todas las especies”, le aclaró su compañero.

Y como hombre de letras, Millás bucea en la influencia de la literatura, el relato y las historias en esa dimensión biológica que entiende ahora en los fenómenos sociales.

El relato, entiende, es una herramienta para acercarse a la sociedad y a la realidad. Aunque no supieron identificar si es más importante creer en las historias o contarlas. Sí están de acuerdo en lo enriquecedor que resulta analizar la presencia de nuestra especie en el mundo a través de la perspectiva temporal de largo alcance. “Uno descubre que no hemos cambiado tanto”. Que las mismas quejas sobre la juventud que se relatan en Las Nubes de Aristófanes pueden valer para los que hoy critican a los therians. “Por eso nos entendemos con nuestros antepasados. Tenemos las mismas grandezas y miserias”. Millás no tiene ningún interés por ser recordado cuando ya no esté. Arsuaga espera que su vida haya servido para contribuir a hacer de este mundo un lugar mejor y haber ayudado a otros a llevar una vida más feliz. Frente al miedo de Millás hacia el final, Arsuaga le quita cualquier tinte dramático con una lógica aplastante: “La muerte en realidad no existe porque cuando te mueres, dejas de pensar en ella”.

Añadir La Portada de Extremadura como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

Sobre el autor

Antonio Gilgado

Periodista

Ver biografía
Archivado en
Lo más leído