El Teatro Lope de Vega, recién reincorporado a la programación de la Bienal tras años de obras, acogió la propuesta de Arcángel ‘La copla del cante’ con un lleno prácticamente absoluto.
El onubense quiso aunar copla, memoria y flamenco arrancando, en medio del patio de butacas solamente acompañado por las voces de Los Mellis, el percusionista Lito Mañez y una base de palillos. Un corrillo donde “Triniá” o “Adiós, mi España querida” se hilaron y entrecruzaron evocando usa época donde “los artistas cantaban copla en esa garganta flamenca”. “El emigrante” de Valderrama cerró la juntiña y nos trasladó al escenario donde la guitarra de Francis Gómez y el ‘verde limón, verde limonero’ nos devolvería la mirada a un contenido Arcángel que no terminaba de soltar todo lo que sabemos que lleva dentro.
Se le percibía incómodo, se escuchó en ocasiones desafinado y sobre todo con cierta incapacidad de transmitir todo lo que venía a compartir y desarrollar rozando la inspiración y tragedia que requiere la copla, pero sin llegar a amarrarla del todo.
Las bulerías por soleá de la Paquera y las siguiriyas de Caracol nos despertaron de una noche triste. El propio Arcángel nos recordó que había sostenido esas pinceladas flamencas sobre el escenario. No sé si por inseguridad sobre la propuesta que presentaba, no sé si por recordar al respetable que es cantaor, o por si él mismo percibía que las butacas sostenían poco entusiasmo flamenco, aunque le aplaudieran a rabiar y le festejaran al final de ‘La copla de cante’ como si aquello hubiese sido la apoteosis. Fieles se llaman.
El uso de simples en la guitarra tampoco ayudó a ese duende que debe nacer del cuerpo, del momento y de la imperfección irrepetible. Esa desconexión entre el gesto sonoro y la presencia sobre el escenario y la idea choca con lo que es el propio flamenco o la copla. Cuando el oído flamenco reconoce esa textura "encajada", sin el leve arrastre o la irregularidad del rasgueo real, percibe una desconexión entre el gesto sonoro y el cuerpo que supuestamente lo produce, y esa desconexión es la que se lee como artificio o "envoltorio de plástico": no es que la tecnología sea ilegítima en sí misma, sino que en un arte cuya autoridad depende de la autenticidad del momento vivido, cualquier elemento que suene "fabricado en serie" delata la máquina detrás del gesto y rompe el pacto de verdad que el público flamenco exige. De igual manera, los músicos que acompañaban a Arcángel fueron elegantes, autoexigentes y contenidos en efectos añadidos, sin dejar de desgranar conocimiento y dulzura.
‘La copla del cante’ es una idea maravillosa y necesaria que hasta a la propia Gracia Montes (una de las artistas preferidas por Arcángel, como él mismo nos compartió) le hubiera dedicado una ‘feria’ pero no se llegó a lo que se esperaba de una artista de la categoría de Arcángel.
No siempre todas las noches son como uno evoca, ni todas las propuestas se resuelven de igual forma. Arcángel nos dejó con el sabor de boca de una copla triste y de una noche falta de pellizco y conexión. Las habrá mejores.
FICHA ARTÍSTICA:
Francis Gómez, guitarra. Los Mellis, voz, coros y palmas. Lito Manéz, percusión. Francis Roca, teclado, flauta y armónica. Ángel Bocanegra al violín
Añadir La Portada de Extremadura como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.