Cáceres acoge una misa funeral por las víctimas del accidente ferroviario de Urda

La ceremonia, presidida por el obispo de Coria-Cáceres, reunió a autoridades civiles, judiciales y militares y a fieles en la Concatedral de Santa María el 4 de noviembre

05 de noviembre de 2026 a las 10:35h
La Concatedral de Santa María de Cáceres acogió el 4 de noviembre, una misa funeral por las víctimas del accidente ferroviario ocurrido en Urda. / LP
La Concatedral de Santa María de Cáceres acogió el 4 de noviembre, una misa funeral por las víctimas del accidente ferroviario ocurrido en Urda. / LP

La Concatedral de Santa María de Cáceres acogió el 4 de noviembre, una misa funeral por las víctimas del accidente ferroviario ocurrido en Urda (Toledo), presidida por el obispo de Coria-Cáceres, Jesús Pulido. La celebración reunió a autoridades civiles, judiciales y militares, representantes eclesiásticos y fieles, en una oración por el eterno descanso de los fallecidos, el consuelo de sus familias y la recuperación de los heridos.

Asistencia institucional

Entre las autoridades presentes estaban la presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola; la presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEx), María Félix Tena; el fiscal superior de Extremadura, Francisco Javier Montero; el subdelegado del Gobierno en Cáceres, José Antonio García, y representantes de la Diputación Provincial de Cáceres y del Ayuntamiento de la ciudad, encabezados por su primer teniente de alcalde, Emilio José Borrega Romero.

También participaron representantes de la Audiencia Provincial, de la Fiscalía, de las Fuerzas Armadas, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, junto a miembros del Cabildo Catedral, sacerdotes, diáconos, seminaristas y fieles diocesanos.

Homilía y mensaje del obispo

Durante su homilía, Pulido expresó el dolor compartido ante una tragedia que, según dijo, todos sintieron como propia. "Todos lo sentimos como algo propio, como si fueran familiares nuestros, porque podrían haberlo sido, porque podríamos haber sido nosotros mismos los que estuviéramos en su lugar", afirmó.

El obispo recordó que, tras el desconcierto, la rabia y la impotencia iniciales, llega el momento de afrontar la pérdida, reconstruir la vida e intentar evitar que tragedias similares vuelvan a suceder. En ese camino, señaló, "la celebración eucarística permite alzar la mirada a Dios, con la confianza de que él no nos abandona nunca y que solo él tiene poder para sacar bienes de males y vida de la muerte".

A partir de la figura bíblica de Job, reflexionó sobre las preguntas que, dijo, surgen ante la pérdida de los seres queridos: "¿Por qué a mí, por qué a nosotros, por qué mi madre, mi padre, mi hermano, mi amigo?".

Llamada a la solidaridad

Pulido subrayó que el dolor no elimina el valor de lo vivido ni el amor compartido. También destacó que la muerte hace tomar conciencia tanto de la fragilidad como del valor de la vida. "El ser humano no vence la muerte prolongando indefinidamente sus días, sino dando contenido al tiempo que le ha sido concedido", señaló. Por eso, añadió, "a pesar de todo, vale la pena levantarse cada día y seguir apostando por la vida".

En su reflexión sobre el Evangelio, vinculó las desgracias con una llamada a la conversión, tomando como referencia la parábola del buen samaritano. Frente a quienes pasan de largo ante el sufrimiento ajeno, destacó la actitud de quien se detiene, se hace cargo de la persona herida y actúa para ayudarla. "Las desgracias recurrentes en nuestro mundo son una llamada a la caridad, a la solidaridad, a comprometernos con los demás, especialmente con los que más sufren", afirmó.

El obispo agradeció además la labor de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, los profesionales sanitarios, las autoridades y los servidores públicos que atendieron la emergencia, y advirtió del riesgo de que la solidaridad surgida ante una tragedia se diluya con el paso del tiempo. "Es más fácil la conversión a la solidaridad en las desgracias que en la prosperidad", señaló.

Finalmente, recordó que la reconstrucción tras una catástrofe no debe limitarse a reparar los daños materiales, sino que también ha de fortalecer los fundamentos espirituales y comunitarios de la sociedad. "No podemos convivir de cualquier manera, sino más unidos", afirmó.

La misa funeral concluyó como una expresión de duelo, oración y cercanía con las víctimas y sus familias, y, según el Obispado de Coria-Cáceres, como "una invitación a convertir el dolor compartido en un compromiso duradero con la vida, la fraternidad y el cuidado de quienes más sufren".

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