El Arzobispado de Mérida-Badajoz pide reforzar la seguridad en templos y conventos tras varios robos

La archidiócesis ha instado a párrocos y abadesas a proteger objetos de valor, mejorar alarmas y cámaras y denunciar de inmediato cualquier sustracción ante la Guardia Civil

07 de septiembre de 2026 a las 14:00h
El arzobispo José Rodríguez Carballo. / LP
El arzobispo José Rodríguez Carballo. / LP

El Arzobispado de Mérida-Badajoz ha remitido una carta a párrocos y abadesas de conventos para pedirles que extremen las precauciones ante la oleada de robos registrada en los últimos días en templos de la archidiócesis. El objetivo, según el escrito, es “evitar, en la medida de lo posible, que se produzcan nuevos episodios de esta índole”.

La comunicación está firmada por el vicario general, Francisco Maya, y por el delegado episcopal para el Patrimonio, Agustín Velázquez. En ella explican que los robos se están produciendo en la zona sur de la provincia de Badajoz y que la archidiócesis mantiene coordinación con la Delegación del Gobierno.

Objetos de valor y accesos, bajo vigilancia

La carta pide que los objetos de valor que puedan guardarse en los templos, como coronas, joyas, cuadros, imágenes o cálices, estén “bien protegidos”. Además, solicita que, en la medida de lo posible, se instalen alarmas y cámaras o que se mejoren los ya existentes si se consideran obsoletos.

El Arzobispado también recomienda revisar con especial atención las posibles vías de acceso a templos y capillas, incluidas puertas, ventanas, puertas traseras, patios y los accesos desde otras dependencias parroquiales. En los días en que procesionen imágenes de Cristo o de la Virgen, pide retirar de ellas los objetos de valor una vez finalice la procesión.

Denuncias inmediatas y preservación de indicios

Otro de los avisos trasladados a párrocos y abadesas es que, si se produce un robo, las denuncias se presenten “de inmediato” ante la Guardia Civil, “sin esperar varios días y comunicarlos posteriormente al seguro”. La carta añade que también deben informar al vicario general y al delegado episcopal para el Patrimonio.

Asimismo, se les insta a “no tocar los escenarios de los robos”, en la medida de lo posible, para facilitar la recogida de indicios por parte de la policía, y a fotografiar los ajuares y joyas para su identificación en caso de sustracción.

El escrito recuerda finalmente que corresponde al párroco, y en su caso a la abadesa, “proteger todos los objetos de valor” y que “todo el patrimonio cultural de la Iglesia es nacido de la fe y de la voluntad de los fieles”, por lo que su misión es “protegerlo y transmitirlo a las generaciones futuras”.

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