Manuel Naharro afronta su segundo mandato al frente del Partido Popular de la provincia de Badajoz con el respaldo casi unánime de la organización y compagina esa responsabilidad con la Presidencia de la Asamblea de Extremadura. En esta entrevista con La Portada de Extremadura, analiza la situación política de la región, los pactos con Vox en el ámbito municipal, el futuro del Gobierno de María Guardiola y el reto de conquistar la Diputación de Badajoz. Además, defiende la continuidad de la central nuclear de Almaraz, reclama un impulso definitivo a la industrialización de Extremadura y pide un gran pacto para combatir la despoblación mediante medidas fiscales y oportunidades para el mundo rural. Una conversación en la que combina su visión institucional con la experiencia de más de dos décadas como alcalde de Valencia del Mombuey.
—¿Qué supone para usted haber recibido un respaldo prácticamente unánime para la presidencia del PP de la provincia de Badajoz?
—Supone, sobre todo, una enorme satisfacción porque significa que los compañeros confían en ti y en el equipo que has formado. Pero también implica una gran responsabilidad. Cuando recibes un respaldo tan amplio sabes que hay muchas personas que esperan que estés a la altura y no puedes defraudarlas. Afrontamos cuatro años importantes y lo hacemos con mucha ilusión.
—¿Qué diferencia hay entre el Manuel Naharro que llegó a la Presidencia provincial hace 4 años y el de ahora?
—Principalmente, el conocimiento de la provincia. En realidad han sido cinco años recorriendo todos y cada uno de los municipios de Badajoz. He conocido a muchísima gente y eso te da una perspectiva que antes no tenía. Muchas veces sorprende que llegue a un pueblo y conozca a vecinos, comerciantes o alcaldes de prácticamente cualquier localidad. También ha cambiado la experiencia y el equipo. Hoy tenemos un grupo consolidado, preparado y en el que confío plenamente. Por lo demás, sigo siendo el mismo. Continúo siendo aquel vecino de Valencia del Mombuey, un pueblo de apenas 700 habitantes, que un día asumió el reto de dirigir el Partido Popular desde la cercanía y el trabajo diario.
—Cuando fue elegido en su día hubo quien criticó que un alcalde de un pueblo tan pequeño dirigiera el partido en la provincia. Hasta entonces los presidentes procedían de grandes ciudades. ¿Ese debate ya está superado?
—Creo que sí. El Partido Popular representa la realidad de esta provincia y la realidad de Badajoz es eminentemente rural. Tenemos ciudades importantes como Badajoz, Mérida o Don Benito, pero la inmensa mayoría de nuestros municipios son pequeños y medianos. Los resultados electorales han demostrado que aquel debate carecía de sentido. Pero, además, un partido no solo debe medirse por los votos que obtiene, sino por su funcionamiento interno y por el grado de unidad que transmite. Hoy el PP de la provincia vive uno de sus momentos de mayor cohesión.
«En los pueblos pesan más las personas que las siglas»
—Durante muchos años el voto urbano era mayoritariamente del PP y el rural del PSOE. ¿Ha cambiado esa fotografía?
—Sí. Basta con analizar las últimas elecciones autonómicas o europeas. Cada vez más vecinos del mundo rural confían en el proyecto del Partido Popular. Además. Cuando un alcalde del PP gobierna bien, normalmente vuelve a recibir la confianza de sus vecinos. Esa estabilidad demuestra que en los pueblos la gestión pesa mucho.

—Precisamente en los municipios suele decirse que se vota más a la persona que al partido.
—Es así. En un pueblo todo el mundo se conoce y la trayectoria personal tiene un peso enorme. Por supuesto que la marca del partido es importante, pero la gente valora sobre todo cómo ha actuado esa persona durante su vida, cómo gestiona el Ayuntamiento y si responde cuando un vecino tiene un problema.En un consistorio no se vive pendiente de los grandes debates ideológicos que tanto pesan en otras instancias superiores. Lo importante es arreglar una calle, facilitar que una empresa se instale o ayudar a un vecino que necesita resolver un problema. Esa es la política municipal.
«La marca importa, pero en los pueblos pesa mucho más la persona»
—¿Qué buscan entonces cuando eligen a un candidato?
—Buscamos personas honestas, con ilusión y ganas de transformar su municipio. No existe un perfil único porque cada pueblo es diferente. Lo importante es encontrar a alguien dispuesto a dedicar parte de su vida al servicio de sus vecinos.
—¿El objetivo sigue siendo presentar candidaturas en todos los municipios?
—Sí. Queremos estar presentes en toda la provincia y mejorar los resultados de 2023. Aquellas fueron mis primeras elecciones como presidente provincial y conseguimos duplicar el número de alcaldes. Además, estuvimos a apenas 140 votos, en el partido judicial de Don Benito, de duplicar también los diputados provinciales. Yo creo que hoy día el partido está bien, está fuerte, está con ganas y se están acercando muchos perfiles de mucha gente joven, gente que nunca antes habian tenido inquietudes políticas y que ahora dan el paso bajo las siglas del Partido Popular.
—Gobernar la Junta de Extremadura ayuda.
—Sin duda. Estamos viviendo uno de los mejores momentos del Partido Popular en Extremadura. María Guardiola supuso un revulsivo cuando llegó a la Presidencia del partido y ese impulso se reforzó aún más cuando alcanzó la Presidencia de la Junta. Ahora nuestra obligación es consolidar ese momento.
«La Diputación lleva gobernada durante décadas por el mismo partido y se necesita que los ciudadanos conozcan otra forma de gestionar»
—Ha fijado como uno de sus grandes objetivos conquistar la Diputación de Badajoz. ¿Por qué?
—Porque es saludable democráticamente que exista alternancia. Una institución que lleva gobernada durante décadas por el mismo partido necesita que los ciudadanos conozcan otra forma de gestionar. Además, durante estos años hemos visto distintos casos e irregularidades que afectan a la institución. Los ciudadanos deben poder comparar modelos y decidir libremente cuál prefieren.
—La Diputación lleva más de cuarenta años gobernada por el PSOE, nunca ha tenido el PP una oportunidad como en Cáceres.
—Es verdad, aunque también conviene explicar por qué. La provincia de Badajoz tiene una singularidad que no existe en ningún otro lugar de España. Existen seis partidos judiciales que solo eligen un diputado provincial. Basta con obtener un voto más que el rival en cada uno de esos seis partidos judiciales para llevarse toda la representación. Históricamente nunca habíamos conseguido ninguno de esos seis diputados. En 2023 logramos dos, los de Jerez de los Caballeros y Llerena-Azuaga. Ese fue un cambio muy importante. ¿Por qué antes era tan difícil? Porque el Partido Popular no tenía la implantación rural que hoy tiene. Ahora esa realidad ha cambiado y creemos que la Diputación puede cambiar también.
—¿Qué haría diferente el PP?
—Dar mucha más autonomía a los municipios. Soy alcalde y municipalista. Creo que la Diputación debe repartir los recursos de forma equitativa, pero permitir que cada Ayuntamiento decida sus prioridades. Un alcalde sabe mejor que nadie qué necesita su pueblo. No todos los municipios tienen las mismas necesidades. Pongo un ejemplo: ahora la Diputación entregará vehículos eléctricos. En mi pueblo ya tenemos cinco. Probablemente me resultaría mucho más útil disponer de maquinaria para obras o de otro tipo de equipamiento. No renunciaré a un vehículo que me ofrecen, pero creo que sería más razonable que cada Ayuntamiento pudiera decidir en qué invertir esos recursos.
«No tenemos ningún problema en gobernar con Vox si así lo deciden los ciudadanos»
—En el ámbito rural también está creciendo Vox. Algunos estudios apuntan a que podría ser decisivo en muchos ayuntamientos. ¿Le preocupa tener que repetir la fórmula de gobierno de Extremadura?
—Yo no hablaría de preocupación. Los ciudadanos son soberanos y saben perfectamente lo que votan. El Partido Popular no tiene ningún problema en gobernar con Vox si ese es el mandato que dejan las urnas. Evidentemente, cualquier gobierno de coalición exige cesiones por ambas partes, pero siempre hay principios que son irrenunciables. Mientras esos principios se respeten, no existe ningún inconveniente.

—¿También en cualquier ayuntamiento?
—En los municipios la política funciona de otra manera. Fíjese, nosotros hemos tenido acuerdos con Podemos e incluso con el Partido Socialista.
—Como ocurrió en Jerez de los Caballeros, donde gobernaron PP, Ciudadanos y Podemos.
—Exactamente. Los pactos municipales responden muchas veces a la realidad concreta de cada localidad y a las relaciones personales entre quienes van a gobernar. En un ayuntamiento no se discuten las grandes cuestiones ideológicas que se debaten en Madrid. Se habla de sacar adelante un presupuesto, mejorar un servicio o resolver los problemas de los vecinos.
—Desde fuera puede resultar chocante.
—Quizá desde fuera sí, pero no para quienes viven en ese municipio. Los vecinos conocen perfectamente a sus concejales y entienden por qué pueden llegar a acuerdos. La política local tiene una lógica distinta a la política nacional.
—Aun así, parece un contrasentido ver gobernar juntos a partidos tan alejados ideológicamente.
—Eso ocurre porque tendemos a analizar la política municipal con las mismas claves que la política nacional. En un pueblo lo que importa es si las personas pueden entenderse para trabajar por el interés general. Si existe ese entendimiento y redunda en beneficio del municipio, no veo ningún problema.
«Sinceramente, si tuviera que elegir entre Bildu y Vox, siempre elegiría gobernar con Vox»
—Como alcalde, ¿siempre prefiere gobernar en solitario?
—Siempre es más cómodo gobernar con mayoría absoluta, pero también he tenido experiencias de colaboración muy positivas. Durante ocho años presidí la Mancomunidad Sierra Suroeste gracias al apoyo de Izquierda Unida y funcionó perfectamente. Mantuvimos una relación de absoluta lealtad y demostramos que, cuando existe voluntad de trabajar, los acuerdos son posibles.
—El PSOE sostiene que se ha "normalizado" que el PP gobierne con Vox.
—¿Y por qué no iba a estar normalizado? El PSOE gobierna España con Bildu. Sinceramente, si tuviera que elegir entre Bildu y Vox, siempre elegiría gobernar con Vox.
«Quiero aprovechar esta etapa para modernizar el Parlamento extremeño»
—Compagina la Presidencia del PP provincial con la Presidencia de la Asamblea. ¿Qué objetivos se marca para esta legislatura?
—Más allá de la actividad legislativa y de control al Gobierno, quiero aprovechar esta etapa para modernizar la Asamblea de Extremadura. Todavía existen cuestiones muy básicas pendientes, como la implantación definitiva de la administración electrónica. Si todo marcha según lo previsto, estará plenamente operativa a partir del 1 de enero de 2027. También considero necesaria una reforma del Reglamento de la Cámara. Es un texto que ha quedado desfasado y que presenta demasiadas ambigüedades. Hay que actualizarlo para adaptarlo a la realidad actual. Y, además, quiero seguir acercando la Asamblea a los ciudadanos. Cada día recibimos colegios, asociaciones y colectivos. Queremos reforzar esa línea para que cualquier extremeño sienta el Parlamento como una institución cercana y abierta.
—¿Espera una legislatura tranquila?
—Sí. Creo que el Gobierno de coalición ha encontrado su estabilidad. Es verdad que el inicio fue complejo, pero hoy funciona de manera coordinada y eso se aprecia en el trabajo parlamentario. Mientras PP y Vox sigan anteponiendo los intereses de Extremadura, creo que la legislatura tiene recorrido.

—Los debates parecen haberse suavizado de un tiempo a esta parte.
—Hay momentos de mayor tensión, porque la política también tiene pasión. Pero una cosa es debatir con firmeza y otra perderse el respeto. Mi obligación como presidente de la Cámara será garantizar que el debate sea intenso cuando tenga que serlo, pero siempre dentro de la educación y del respeto institucional.
—¿Ha cambiado su manera de entender la política desde que dejó de ser solo alcalde para presidir la Asamblea?
—Son dos formas completamente distintas de hacer política. Y lo digo sinceramente: sigo sintiéndome muy identificado con la política municipal. En un ayuntamiento las decisiones tienen un efecto inmediato y conoces personalmente a quienes se benefician de ellas. En un Parlamento ocurre algo diferente. Aquí apruebas leyes que afectan a miles de personas, pero muchas veces no llegas a ponerles rostro. Las dos responsabilidades son apasionantes, pero quería que mi paso por la Presidencia de la Asamblea sirviera para dejar una institución más moderna y más cercana de la que encontré.
—Este año no habrá Debate sobre el Estado de la Región. ¿Comparte esa decisión?
—Sí, porque responde tanto a criterios jurídicos como de sentido común. Los servicios jurídicos de la Cámara entienden que el nuevo periodo político comienza con el nombramiento de la presidenta de la Junta. Pero, además, resulta difícil evaluar la gestión de un Gobierno que apenas lleva dos meses y poco de funcionamiento. La investidura se produjo prácticamente a finales de abril y el debate debe celebrarse antes del 30 de junio. A eso se añade que este ha sido uno de los años con mayor actividad parlamentaria. Hemos celebrado tres debates de investidura y dos debates presupuestarios, que son precisamente los que marcan la acción de cualquier Ejecutivo. Por todo ello, creo que este año no tenía sentido celebrar un Debate sobre el Estado de la Región.
—¿Cómo ve el panorama político extremeño en estos momentos?
—Lo veo muy polarizado y, en ocasiones, demasiado crispado. Extremadura siempre ha sido una comunidad donde el debate político se ha desarrollado con bastante normalidad y creo que esa es una forma de hacer política que no deberíamos perder. Somos una región de poco más de un millón de habitantes y, demasiadas veces, los gobiernos centrales se han olvidado de nosotros, independientemente del partido que estuviera en La Moncloa. No responsabilizo a uno solo; todos, en mayor o menor medida, han relegado a Extremadura. Precisamente por eso creo que, cuando hablamos de los grandes asuntos de esta tierra, deberíamos ser capaces de ir todos de la mano.
—¿Es posible ver al PP y al PSOE unidos para defender esos intereses?
—Deberíamos ser capaces de hacerlo. Y no solo el PP y el PSOE, sino cualquier partido que quiera lo mejor para Extremadura. Podemos discrepar sobre muchas cuestiones políticas, pero hay asuntos que deberían quedar fuera de esa confrontación. Necesitamos mejores infraestructuras, capacidad eléctrica para atraer empresas, un ferrocarril digno, mejores carreteras y un aeropuerto que funcione. Creo que ahí todos deberíamos remar en la misma dirección.
—¿Cree que el Gobierno de coalición entre PP y Vox agotará la legislatura?
—Sí. Veo un Gobierno unido. Es verdad que el inicio fue complicado, pero hoy funciona de manera coordinada y actúa como un único Ejecutivo. Creo que hay Gobierno para los próximos cuatro años.
—¿Y cómo ve a la oposición?
—Tiene mucho trabajo por delante. No voy a decirle al resto de partidos cómo tienen que organizarse porque eso corresponde a cada uno de ellos, pero sí creo que todavía tienen camino por recorrer.
—El PSOE acaba de cambiar de líder. ¿Puede eso rebajar la tensión política?
—No creo que la crispación dependa de una persona. Vivimos un clima político muy polarizado en toda España y eso acaba trasladándose a cualquier conversación cotidiana. Hoy vemos discusiones por política en reuniones familiares o entre amigos y creo que ese no es el camino. Antes se debatían ideas. Ahora, demasiadas veces, se enfrentan personas. La política debe servir para mejorar la vida de los ciudadanos, no para dividir a la sociedad.
—¿Dónde se juega el futuro económico de Extremadura? ¿En la industria, la energía, la logística, el turismo o el sector agroalimentario?
—En todos ellos, porque son compatibles. El turismo atraviesa un buen momento y cada vez recibimos más visitantes. También contamos con un sector agroalimentario muy potente. Pero, si tengo que señalar un ámbito decisivo para transformar Extremadura, diría que es la industria. Es la industria la que cambia realmente el futuro de un territorio. Tenemos suelo, recursos naturales y capacidad para generar energía. Creo sinceramente que ha llegado el momento de la industrialización de Extremadura.
—Eso se lleva diciendo treinta años.
—Es verdad. Yo también llevo escuchándolo mucho tiempo. La diferencia es que ahora existe una oportunidad real. Hay proyectos importantes esperando y un contexto que hace unos años no existía. Eso sí, Extremadura no puede hacerlo sola. Necesitamos el respaldo del Gobierno de España para desarrollar infraestructuras y garantizar la energía que requieren las nuevas industrias. Tengo mucha confianza en los próximos años. Si no aprovechamos esta oportunidad, sería una enorme decepción.

—¿Qué opinión tiene sobre el futuro de la central nuclear de Almaraz?
—Mi posición es muy clara: Almaraz no debe cerrarse. Es una infraestructura estratégica para el Campo Arañuelo y para toda Extremadura. Genera miles de empleos directos e indirectos y constituye uno de los grandes motores económicos de la región. Mientras siga siendo una instalación segura, debe continuar funcionando.
«Almaraz genera empleo, riqueza y estabilidad para Extremadura. Mientras sea segura, debe seguir funcionando.»
—Uno de los grandes retos de Extremadura es el demográfico. ¿Cómo podemos conseguir que no se abandonen los pueblos? ¿Y cómo atraer a gente para que venga a vivir a la región?
—Es complicado porque influyen muchos factores. El primero es el empleo. Aunque pueda sorprender, en muchos municipios cuesta encontrar mano de obra para determinados trabajos, y no hablamos de empleos mal pagados, sino de puestos bien remunerados. También hay que hacer una apuesta decidida por la vivienda en el mundo rural. Con el problema de acceso a la vivienda que existe hoy, vivir en un pueblo debe convertirse en una alternativa atractiva, con precios mucho más asequibles que en las grandes ciudades. En cuanto a las infraestructuras y los servicios, creo que los pueblos de Extremadura han avanzado mucho. La mayoría cuentan con instalaciones deportivas, casas de la cultura y una oferta de actividades suficiente. No creo que ese sea el principal problema. Para mí hay otro factor muy importante: el cultural. Durante años muchos jóvenes han pensado que quedarse a vivir en su pueblo era un fracaso, cuando yo creo que es justamente lo contrario. Poder desarrollar tu proyecto de vida donde has nacido es una suerte. Esa mentalidad está cambiando, pero todavía queda camino por recorrer.
«Quedarte a vivir en tu pueblo no es un fracaso; muchas veces es todo lo contrario.»
—¿Y cómo hacemos para cambiar la tendencia?
—Con medidas reales. Llevamos décadas hablando de despoblación, pero se han tomado pocas decisiones de calado. Está bien que existan ayudas como el cheque bebé, por ejemplo, pero nadie va a tener un hijo solo por recibir una ayuda. Lo que hacen falta son incentivos fiscales importantes para que resulte atractivo vivir, trabajar y emprender en un municipio. Mantener vivos los pueblos beneficia a toda la sociedad: ayuda a conservar el territorio, a prevenir incendios, a mantener actividad económica y también a evitar el envejecimiento extremo de muchas localidades. Hay que ser valientes y hacer rentable vivir en el mundo rural.
—¿Considera que es el mayor reto que tiene Extremadura?
—Sin ninguna duda. El gran reto no es solo mantener población, sino atraer nuevos vecinos, tanto de otras comunidades como de otros países. Pongo el ejemplo de mi pueblo. Valencia del Mombuey tiene unos 700 habitantes y alrededor de un 10 % de la población es extranjera. Si no fuera por esas familias, el relevo generacional sería mucho más difícil. Eso demuestra que los pueblos pueden atraer población si se crean las condiciones adecuadas. Por eso creo que Extremadura necesita un gran pacto contra la despoblación. No podemos seguir reuniéndonos únicamente para analizar el problema. Llevamos veinte años escuchando los mismos diagnósticos. Ahora hace falta un plan serio, con medidas valientes, para garantizar el futuro de nuestros pueblos. Hay que ponerse a ello ya.

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