En 1986, Badajoz tenía una ciudad por delante. Su crecimiento había desbordado hacía tiempo el recinto histórico, pero todavía quedaban importantes vacíos urbanos, barrios en expansión y espacios que necesitaban incorporarse a la vida cotidiana. La entrada de España en la entonces Comunidad Económica Europea coincidió con una etapa decisiva para pensar el futuro de la capital pacense. Cuarenta años después, su fisonomía es otra. La ciudad ha ganado extensión, población, nuevos barrios y equipamientos, mientras recuperaba parte de su patrimonio y descubría nuevas posibilidades al otro lado de la frontera.
El cambio no empezó con una subvención ni con una obra concreta. El avance del Plan General de Ordenación Urbana, aprobado precisamente en abril de 1986, había comenzado a gestarse cinco años antes. Planteaba tres objetivos que todavía hoy ayudan a entender la evolución de Badajoz: recuperar el centro histórico, integrar el Guadiana en la vida ciudadana y devolver protagonismo a sus calles, jardines y plazas. El historiador Moisés Cayetano Rosado ha estudiado aquella planificación y su desarrollo posterior. En su trabajo sobre población y urbanismo recuerda que el plan de 1989 pretendía sustituir el crecimiento expansivo por una ciudad más articulada, capaz de completar sus espacios vacíos y ordenar sus bordes.
La realidad demográfica fue dando otra dimensión a esos proyectos. Badajoz pasó de 130.347 habitantes en 1991 a 136.319 en 2001 y alcanzó los 151.565 en 2011. El crecimiento estuvo relacionado, entre otros factores, con su condición de capital económica regional, centro comercial transfronterizo y núcleo universitario. La crisis de 2008 frenó aquella dinámica y la ciudad entró después en una etapa de mayor estabilidad.
La expansión fue dibujando una nueva geografía urbana. Barriadas como San Roque y Valdepasillas ganaron protagonismo, mientras los desarrollos residenciales fueron ampliando el perímetro de la capital. Más adelante llegaron nuevas zonas de crecimiento como Cerro Gordo y los sectores de la avenida de Elvas y la carretera de Olivenza. Badajoz dejó de ser una ciudad concentrada en torno a sus barrios tradicionales para extenderse hacia nuevos espacios residenciales. El reto pasó a ser también cómo dotarlos de servicios, equipamientos y conexiones.
Moisés Cayetano, entonces concejal, explicó que aquella planificación era ciertamente racional; poco lo que se recalificaba y tenía bastante respeto a las márgenes del río.

Mientras la ciudad se extendía, Europa ayudaba a impulsar otra transformación, esta vez hacia dentro. En 1995 comenzó el Plan Urban, una de las primeras grandes intervenciones comunitarias en Badajoz. La iniciativa aportó alrededor de 14 millones de euros, a los que se sumaron otros cuatro millones municipales, para actuar en el entorno de la Plaza Alta y el casco histórico. La rehabilitación de viviendas y fachadas, la mejora de calles, la iluminación de las murallas, la recuperación patrimonial y la creación de nuevos equipamientos cambiaron la imagen de una zona que había perdido buena parte de su actividad.
La Plaza Alta se convirtió en el símbolo de aquella recuperación. También lo fueron la Alcazaba y los Jardines de la Galera. El proceso incorporó nuevos usos a edificios y espacios históricos. La antigua cárcel provincial, por ejemplo, se transformó en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo. El centro histórico comenzó a recuperar actividad comercial, cultural, universitaria y residencial. La ciudad no solo crecía hacia fuera; también reconstruía parte de su memoria urbana.

Francisco Javier Fragoso
Francisco Javier Fragoso, alcalde entre 2013 y 2021, describe aquella evolución como un cambio radical que hay que poner en valor. Recuerda el casco antiguo pasó de ser un lugar al que muchos pacenses evitaban acudir a convertirse en escenario de actividades culturales y festivas. Y cita la Plaza Alta, la Alcazaba y los Jardines de la Galera como ejemplos de ese cambio. Su etapa coincidió también con actuaciones en el entorno del Guadiana, la mejora de la accesibilidad y la modernización de servicios urbanos.
El río ha sido otro de los grandes protagonistas de estas cuatro décadas. El objetivo de integrarlo en la vida ciudadana ya figuraba en los documentos urbanísticos de los años ochenta. Con el paso del tiempo, sus márgenes han ganado espacios verdes, paseos y zonas para el deporte y el ocio. El Guadiana se ha incorporado así a la imagen cotidiana de Badajoz y a sus posibilidades de crecimiento urbano.
La financiación europea abrió una nueva fase con la estrategia EDUSI Ecosistema Badajoz, dotada con 18,75 millones de euros, de los que 15 millones procedían del FEDER y el resto correspondía a la aportación municipal. Esta vez, las actuaciones no se limitaron a un solo barrio ni a una gran obra. Alcanzaron desde el entorno de la muralla y la calle Estadium hasta Vía Norte y Suerte de Saavedra, donde se mejoraron espacios públicos, recorridos peatonales y equipamientos vecinales. También se amplió la red de bicicletas BIBA y se intervino en zonas degradadas junto a las vías del tren. «Ha tenido efecto en toda la ciudad», resume el alcalde, Ignacio Gragera, cuando hace balance de ese programa. Badajoz afrontaba ya otro desafío: después de crecer y extenderse, necesitaba coser sus distintos espacios y hacer más habitables sus barrios.
También cambió su relación con Portugal. La frontera, que durante generaciones había condicionado las relaciones entre ambos lados de la raya, adquirió otra dimensión con la integración europea y los programas de cooperación. La Eurociudad Badajoz-Elvas-Campo Maior, constituida en 2018, dio forma institucional a una relación que ya existía en la vida comercial y social. La colaboración permitió impulsar iniciativas culturales, deportivas y turísticas conjuntas. El alcalde de Badajoz, Ignacio Gragera, resume esa transformación al señalar que los ciudadanos de los tres municipios ya disfrutan de sus actividades sin pensar en dos países, sino en un «territorio común». Una manera distinta de entender una frontera que durante mucho tiempo había separado lo que la vida cotidiana mantenía unido.

Cuarenta años después
Cuarenta años después, Badajoz es una ciudad más extensa y poblada que la de 1986. Ha incorporado nuevos barrios, recuperado espacios históricos, renovado equipamientos y ganado una relación diferente con el Guadiana y Portugal. No todos esos cambios proceden directamente de Europa, ni todos respondieron a un mismo plan. Quizá la mejor medida de ese cambio esté en la memoria de quienes lo vivieron. Ignacio Sánchez Rubio, uno de los técnicos que participaron en el Plan Urban, recuerda que hubo un tiempo en que los pacenses apenas subían a la Plaza Alta. «Eso cambió. La gente volvió». En esa frase cabe buena parte del camino recorrido: una ciudad que recuperó espacios, abrió nuevas posibilidades y encontró en Europa un aliado para seguir construyendo su futuro. Una ciudad que encontró otra ciudad dentro de sí misma.
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