Expertos piden actuar con barreras y esperar a la regeneración natural antes de reforestar las zonas quemadas

Ingenieros de montes, WWF España y un divulgador ambiental coinciden en que primero hay que frenar la erosión, estudiar el suelo y valorar si el territorio puede recuperarse por sí solo tras los incendios de este verano

E.P.
23 de agosto de 2026 a las 19:39h
 Tolosana cifró las barreras de contención entre 1.500 y 4.000 euros por hectárea. / LP
Tolosana cifró las barreras de contención entre 1.500 y 4.000 euros por hectárea. / LP

La restauración de las zonas arrasadas por los incendios de este verano pasa, según varios expertos consultados por Europa Press, por dos pasos previos: contener la erosión provocada por las lluvias y comprobar si la vegetación puede regenerarse de forma natural antes de iniciar replantaciones. Las recomendaciones llegan después de los fuegos registrados en Ávila, Madrid, Niebla (Huelva), Zamora o Los Gallardos (Almería), entre otros puntos del país.

Primero, frenar el arrastre de cenizas y suelo

El decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, Eduardo Tolosana, subrayó que la prioridad inmediata es atender a las personas afectadas por los incendios, incluidas quienes han perdido sus hogares, negocios o ganado. En lo relativo al medio natural, defendió que lo primero es evaluar los daños para decidir "dónde es más urgente actuar".

Según explicó, los dos factores clave son la pendiente del terreno y la severidad del fuego. En zonas muy inclinadas y muy quemadas existe un riesgo elevado de erosión, porque el agua de lluvia puede arrastrar las cenizas e incluso el suelo. Para evitarlo, señaló que lo habitual es instalar barreras construidas con material quemado del propio incendio, y en ocasiones con ramas traídas de otros lugares si no queda material útil.

Estas estructuras, colocadas siguiendo la línea de nivel, reciben distintos nombres —palizadas, albarradas o fajinas—, pero responden a la misma lógica: retener el material arrastrado por la lluvia para que no acabe en los cauces. "Así se evita por un lado las pérdidas de suelo y, por otro, la contaminación de las aguas", indicó Tolosana.

El técnico del programa de Bosques de WWF España, Jorge Aguado, insistió en que "lo primero que hace falta" es un "diagnóstico técnico" para localizar las zonas con más riesgo de escorrentías y erosión. También defendió estas barreras en perpendicular a la pendiente como primera medida de protección del suelo.

Regeneración natural y reforestación, no siempre al mismo tiempo

Tolosana recordó que muchas especies mediterráneas están adaptadas al fuego desde hace millones de años. Citó, entre otras, la encina y el roble melojo, que rebrotan con fuerza porque conservan reservas en las raíces, y el pino resinero, cuyas piñas se abren con el calor o liberan semillas activadas tras el incendio. "Es una adaptación por evolución natural", resumió.

Aun así, pidió vigilancia porque no siempre esa regeneración se produce y, en otros casos, puede ser excesivamente densa. Ambas situaciones pueden obligar a intervenir: una, para ayudar al rebrote; la otra, porque una masa muy cerrada puede ser peligrosa si se produce otro incendio. En el caso de especies como los pinares de montaña, que no tienen esa resistencia, señaló que "no queda otra" que reforestar.

En una línea similar, Aguado advirtió de que plantar de inmediato puede ser un error. A su juicio, introducir maquinaria y personal sobre un suelo dañado puede agravar el problema cuando lo que necesita el terreno es tiempo para recuperar parte de su capacidad natural. Además, recordó que en algunas zonas quemadas este verano en la Comunidad de Madrid y Castilla y León habrá que valorar medidas de conservación de especies como el águila perdicera, el águila imperial y el buitre negro. Si quedaran árboles maduros, planteó incluso la posibilidad de instalar plataformas para favorecer la nidificación.

El coste de restaurar y la escala temporal del bosque

El divulgador ambiental y profesor de la Universidad Europea, Miguel Aguado Arnáez, explicó que, una vez reducida la temperatura interior del fuego, hay que preparar el área afectada para las lluvias. Advirtió de dos riesgos principales: el arrastre de cenizas, que puede formar un "chapapote vegetal" y dificultar la oxigenación de los ríos, y la pérdida del suelo con cubierta vegetal, que consideró esencial para la recuperación del entorno.

También recordó que la naturaleza "tiene otros ritmos a los deseos humanos" y que un bosque tupido tarda de media "entre 40 y 50 años" en regenerarse. Su propuesta pasa por analizar primero el suelo, comprobar si el incendio ha carbonizado o no la capa útil y, después, seguir una secuencia de recuperación "de abajo hacia arriba": primero brotes verdes, luego arbustos y, más adelante, árboles, ya sea por regeneración espontánea o mediante repoblación.

Los tres expertos coincidieron además en el coste de estas actuaciones. Tolosana cifró las barreras de contención entre 1.500 y 4.000 euros por hectárea, la aclarada de regeneraciones muy densas entre 500 y 1.500 euros por hectárea y la reforestación entre 3.000 y 5.000 euros por hectárea. Con esos datos, recalcó que la prevención resulta más rentable que asumir después la extinción y la restauración de las zonas quemadas.

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